El experimento ruso del sueño

30 octubre, 2011

Un relato crudo y desgarrador, traído directamente desde los archivos de Inteligencia rusos:

Investigadores Rusos a finales de los 40´s mantuvieron a  5 personas despiertas por 15 días utilizando un gas estimulante.  Los tuvieron encerrados en un ambiente sellado con la finalidad de monitorear cuidadosamente su nivel de oxígeno para que el gas no los matara, ya que este solía ser tóxico en altas concentraciones. Esto ocurrió antes de que existiera el circuito cerrado, por lo que tuvieron que usar micrófonos y vidrios con grosor de 5 pulgadas para monitorearlos. El cuarto estaba lleno de libros, cobijas para dormir -pero ninguna cama-, agua corriente, baño y la suficiente cantidad de comida para que los 5 sobrevivieran por un mes.
Los sujetos de prueba eran prisioneros políticos y de guerra declarados enemigos del estado durante la Segunda Guerra Mundial.

Todo estuvo bien por los primeros 5 días. Los sujetos rara vez se quejaban después de que (falsamente) se les había prometido su libertad si aceptaban tomar parte de la prueba y no dormir por 30 días. Sus conversaciones y actividades fueron monitoreadas y los científicos notaron que conforme pasaba el tiempo, ellos hablaban cada vez más sobre experiencias traumáticas de su pasado.

Después de 5 días más se empezaron a quejar de las circunstancias y eventos que los llevaron a donde estaban y empezaron a demostrar paranoia severa. Dejaron de hablar entre ellos, y comenzaron a murmurar de manera alterna en los micrófonos. De manera extraña, todos parecían creer que podían ganar la confianza de sus captores si traicionaban a sus camaradas. En un principio se creyó que esto era un efecto del gas.

Pasados 9 días más, el primero de ellos empezó a gritar. Corría por todo el cuarto gritando repetidamente por 3 horas seguidas. Después, trato de continuar gritando, pero solo podía dar un grito ocasional. Los científicos postularon que se había destrozado las cuerdas vocales.  La parte más sorprendente de este comportamiento fue cómo sus compañeros reaccionaron a esto. O mejor dicho, cómo no reaccionaron… Continuaban murmurando en los micrófonos hasta que el segundo de los prisioneros comenzó a gritar. Dos de los prisioneros que no gritaban, tomaron los libros y llenaron página tras página de sus propias heces, y tranquilamente, los pegaron en las ventanas del cuarto. Los gritos cesaron de repente…  Al igual que los murmullos de los micrófonos.

Pasaron otros 3 días. Los investigadores checaban los micrófonos constantemente para asegurarse de que trabajaban, porque creían que era imposible no escuchar sonidos con 5 personas dentro. El consumo de oxigeno indicaba que los 5 debían seguir vivos. De hecho, el consumo de oxigeno era igual al que gastan 5 personas que hacen ejercicio extenuante.  En la mañana del decimocuarto día, los investigadores hicieron algo que no debían hacer: para llamar la atención de los prisioneros utilizaron el Interfón dentro del cuarto, esperando provocar respuestas de los cautivos, pues temían que estuviesen muertos o en estado vegetal.
Anunciaron: “Abriremos el cuarto para probar los micrófonos. Aléjense de las puertas y acuéstense con las manos atrás en el piso o se les disparara. Se le otorgará la libertad a uno de ustedes si obedecen”.
Para su sorpresa, escucharon sólo una frase, con voz queda: “No queremos ser liberados”.

Hubo gran debate entre los investigadores y fuerzas militares que financiaban el proyecto; sin poder provocar más respuestas utilizando el Interfón, finalmente se decidió abrir el cuarto a la media noche del día número 15.
Se retiró todo el gas del cuarto y se lleno de aire fresco. Inmediatamente, las voces de los micrófonos empezaron a objetar. Tres voces diferentes comenzaron a suplicar -como si rogaran por la vida de sus seres queridos- que encendieran el gas nuevamente. Se abrió el cuarto para sacar a los prisioneros. Gritaron más fuerte que nunca, al igual que los soldados, cuando vieron lo que había dentro: Cuatro de los sujetos seguían “vivos”.

Las raciones de comida de los últimos 5 días no habían sido tocadas. Había pedazos de carne de las costillas y pantorrillas del sujeto muerto colocados dentro del drenaje del centro del cuarto bloqueándolo, permitiendo que 4 pulgadas de agua se acumularan en el piso. Los cuatro “sobrevivientes” también tenían pedazos de piel y carne arrancada de sus propios cuerpos. La destrucción de tejidos y la exposición de huesos en la punta de sus dedos indicaban que las heridas fueron infligidas con las manos, y no con los dientes, como era de suponerse. Al examinarlos, se descubrió que la mayoría de las heridas fueron auto- infligidas en su mayoría.

Los órganos abdominales detrás de las costillas de los cuatro sujetos fueron removidos. Mientras que el corazón, los pulmones y el diafragma seguían en su lugar; la piel y la mayoría de los músculos pegados a las costillas fue arrancada, exponiendo los pulmones a través del esternón. El tracto digestivo de los cuatro sujetos podía verse trabajar, digiriendo comida. Rápidamente se hizo aparente estaban digiriendo su propia carne, misma que ellos arrancaron y comieron en el transcurso de los días.

La mayoría de los soldados en las instalaciones pertenecían a las Fuerzas Especiales Rusas, sin embargo, muchos se negaron a regresar al cuarto para sacar a los sujetos de prueba. Por su parte, estos últimos insistían a gritos que los dejaran dentro, y al mismo tiempo rogaban que se encendiera el gas nuevamente, para evitar quedarse dormidos.

Para sorpresa de todos, los sujetos opusieron una resistencia feroz durante la extracción. Un soldado ruso falleció cuando un sujeto le mordió el cuello y otro resultó gravemente herido cuando otro de los prisioneros le mordió la arteria femoral y los testículos. Cinco soldados más perdieron la vida, si se toman en cuenta a aquellos que se quitaron la vida durante las semanas siguientes al incidente.

Durante la lucha, uno de los prisioneros daño su bazo, desangrándose de manera casi inmediata. Se intento sedar al sujeto, pero fue imposible. Se le inyectó más de 10 veces de la dosis humana de morfina, y aún así lucho como un animal atrapado, rompiendo las costillas y el brazo de un doctor. Se veía latir su corazón al máximo por dos minutos completos, mientras se desangraba, y continuó gritando por más de 3 minutos, atacando a quien se le acercara, repitiendo la palabra “más”, cada vez más débil, hasta que quedó en silencio.

Los otros 3 sobrevivientes fueron inmovilizados fuertemente y llevados a las instalaciones médicas. Dos de ellos, con las cuerdas vocales intactas, demandaban continuamente más gas para permanecer despiertos.
El más herido de los tres fue llevado al único cuarto de cirugía que había en las instalaciones. En el proceso de su preparación para colocar nuevamente los órganos en su lugar, se notó que el sujeto era totalmente inmune a los sedantes. Peleó furiosamente cuando el gas anestésico se le estaba colocando. Se necesitó un poco más de anestesia de la normal para sedarlo, pero al momento que sus ojos se cerraron, su corazón se detuvo. Durante la autopsia, se encontró el triple de la cantidad normal de oxigeno en su sangre. También se rompieron 9 huesos en la lucha para evitar ser controlado.

El segundo sobreviviente, era el que primero gritó del grupo. Con sus cuerdas vocales destruidas, él no pudo objetar la cirugía, y sólo reaccionaba agitando violentamente la cabeza en desacuerdo cuando se le administraba el gas anestésico. Afirmó violentamente con la cabeza cuando alguien sugirió en hacer la cirugía sin anestesia, y no reaccionó durante la misma, que duró 6 horas. Se intentaron reemplazar sus órganos abdominales y cubrirlo con lo que quedaba de su piel. El cirujano afirmó que era médicamente posible mantener al sujeto con vida. Una enfermera aterrada que ayudó en la cirugía, comento que la boca del paciente formaba una sonrisa cada vez que sus ojos se encontraban.

Cuando la cirugía terminó, el sujeto miró al cirujano y empezó a emitir sonidos fuertes, como tratando de hablar. Asumiendo que esto era de gran importancia, el cirujano le entrego un papel y una pluma, para que el paciente pudiera comunicarse. “Sigue cortando” escribió…

Se le hizo la misma cirugía sin anestesia a los otros dos sujetos. Se les tuvo que inyectar un paralítico, pues ellos reían constantemente, y le era imposible realizar la operación al cirujano. Una vez paralizados, solo podían interactuar con sus ojos. En el momento en que pudieron hablar nuevamente, exigieron una vez más el gas estimulante. Los investigadores trataron de averiguar por qué se lastimaron de esa forma a sí mismos, y por qué querían el gas nuevamente.La única respuesta fue: “Debo permanecer despierto”.

Se aseguraron a los 3 sujetos y los devolvieron al cuarto, mientras se determinaba qué se debía hacer con ellos. Los investigadores, enfrentando la furia de sus “benefactores” militares, por haber fallado las metas del proyecto, consideraron dar eutanasia a los prisioneros. El comándate, un ex KGB vio potencial en el proyecto, y en su lugar decidió ver qué pasaría si ponían el gas nuevamente. Los científicos se negaron rotundamente, pero al final, tuvieron que aceptar bajo presión.

En la preparación para ser aislados nuevamente dentro del cuarto, los prisioneros fueron conectados a un monitor EEG. Para sorpresa de todos, los tres dejaron de pelear en el momento que se dieron cuenta que los regresarían al gas. En este punto, era obvio que los tres estaban haciendo un gran esfuerzo por mantenerse despiertos. Uno de los prisioneros, estaba murmurando una canción; el sujeto mudo peleaba con sus ataduras de cuero, primero a la derecha, luego a la izquierda, luego a la derecha de nuevo, como tratando de enfocarse en algo. 

El último sujeto mantenía su cabeza en la almohada y parpadeaba rápidamente. Siendo éste el primero al que se le puso el EEG, la mayoría de los investigadores monitoreaban sus ondas cerebrales con sorpresa. Eran normales la mayor parte del tiempo, algunas veces aparecía una línea recta de manera inexplicable. Parecía que repetidamente sufrían de muerte cerebral. Mientras analizaban los datos, una enfermera notó que los ojos del sujeto se cerraron. Sus ondas cerebrales cambiaron inmediatamente por las de sueño profundo, luego se pusieron rectas, y de manera simultánea, su corazón se detuvo.

El único sujeto que quedaba que podía hablar comenzó a gritar para que lo encerraran en ese momento. Sus ondas cerebrales mostraban las líneas rectas del sujeto que acababa de morir por quedarse dormido. El comandante dio la orden de sellar el cuarto con los dos prisioneros dentro, junto con 3 de los científicos. Uno de los 3, inmediatamente tomó un arma y abrió fuego contra el comandante, matándolo de un tiro entre los ojos. Después apunto al prisionero mudo, y le voló la cabeza.

Apuntó al prisionero que quedaba vivo, mientras que los demás investigadores escapaban del cuarto. “¡No me encerrarán con estas cosas! ¡No contigo!”, le gritaba al prisionero que estaba atado al camastro. “¿QUÉ ERES?” Demandó. “¡Necesito saberlo!” El prisionero sonrío.

“¿Te has olvidado tan fácilmente de mi?”, preguntó el prisionero. “Somos ustedes”. “Somos la locura que está encerrada en todos ustedes, rogando por ser liberada en cada momento de su vida, desde lo más profundo de su mente animal. Somos aquello de lo que te escondes en tu cama todas las noches. Somos lo que silencias y paralizas cuando te vas a tu refugio nocturno, donde no te podemos alcanzar”.

El investigador hizo una pausa. Apuntó al corazón del prisionero y disparó. El EEG mostró una línea recta mientras el sujeto débilmente murmuró: “¡Tan… cerca… de… ser… libre!


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